¿Y si el agujero negro no fuera el único final de una estrella moribunda? Los científicos mostraron cómo, durante el colapso de una nube de polvo, en el centro puede aparecer una diminuta región con energía repulsiva. Crece, se frena cerca del horizonte de eventos y se congela, formando un gravastar, un objeto estable sin agujero. ¿Quizás ya existan estas estrellas fantasma?
Una estrella masiva moribunda normalmente se comprime en un agujero negro — una trampa de la que no escapa la luz. Pero también es posible otro final: un gravastar, una burbuja de energía oscura, esa misteriosa fuerza que empuja el cosmos.
La simulación de una nube en colapso mostró que en el mismo centro nace un minúsculo grumo de energía oscura. Se hincha como una pompa de jabón en el vacío. Al alcanzar un radio crítico, donde normalmente aparecería un agujero negro (calculado por primera vez por Karl Schwarzschild), la expansión se detiene. La materia que cae queda suspendida sobre la burbuja: nace un gravastar estable. Sorpresa: en su interior, el espacio se estira tan rápidamente como en los primeros instantes tras el Big Bang: es todo un miniuniverso bajo la envoltura.
El truco no siempre funciona. La estrella debe ser suficientemente «suelta»: la relación masa/radio (en unidades especiales) debe ser menor que 3/8. De lo contrario, el colapso en un agujero negro es inevitable.
🎯 Dentro del gravastar el espacio se expande como en un universo recién nacido: es un cosmos en miniatura oculto tras una envoltura luminosa.