El telescopio espacial James Webb observó a través de los anillos del asteroide Chariklo cuando éste pasaba frente a una estrella. El anillo interior se volvió más denso, como si un velo se hubiera espesado, y el exterior se volvió casi transparente en luz infrarroja, como si la niebla se hubiera disipado. Resulta que los anillos de los cuerpos pequeños pueden cambiar más rápido de lo que pensábamos. ¿Podría un anillo desaparecer ante nuestros propios ojos?
Con ayuda del telescopio espacial más potente James Webb, los astrónomos se asomaron al camerino cósmico y vieron cómo cambian los anillos del asteroide Chariklo. Mediante el tránsito frente a una estrella —cuando el cuerpo proyecta un mini eclipse sobre una estrella lejana, un método habitual para buscar planetas en otras estrellas—, lograron distinguir: el anillo interior ganó densidad, como si en la danza se hubieran reunido más parejas, mientras que el exterior casi se disolvió en la oscuridad.
Ambos anillos están compuestos de polvo cósmico y hielo, pero se comportan de manera diferente. El interior se repone constantemente con eyecciones de la superficie de Chariklo: pasos enérgicos que no dejan que la danza se apague. El exterior, por el contrario, se adelgaza, cediendo ante la luz estelar. Esto sugiere que estos sistemas de anillos no son un espectáculo eterno, sino más bien una representación fugaz. Chariklo, un centauro mestizo, resultó ser mucho más cambiante de lo que se pensaba: sus anillos viven y desaparecen más rápido que los de los planetas.
🎯 Desde la Tierra, los anillos de Chariklo no son visibles con ningún telescopio: se delatan solo con breves "guiños" de las estrellas cuando el asteroide pasa por delante.