En el universo temprano, cuando aún no había estrellas comunes, gigantescos grumos de materia oscura se encendían como linternas. Estas estrellas oscuras crecían devorando gas hasta convertirse en agujeros negros — tal vez los antepasados de esos monstruos que acechan en los centros de las galaxias.
🎯 Una estrella oscura gigante se extendería desde el Sol hasta Plutón, pero su superficie calentaría menos que una bombilla casera: un contraste asombroso de tamaño y temperatura.