La naturaleza de la materia oscura es desconocida, pero se destacan dos modelos: materia oscura fría (CDM) y autointeractuante (SIDM) con una sección eficaz constante de 1 cm²/g, introducida para resolver discrepancias en los perfiles de densidad centrales. Las simulaciones muestran que la SIDM retrasa las fusiones de agujeros negros masivos (ANM) en un perfil de halo aplanado. Mediante observaciones simuladas de ondas gravitacionales de dos historias galácticas, se evaluó la capacidad de LISA para sondear la materia oscura: distinguir entre CDM y SIDM (p ≤ 0,05) es posible con ~70 fusiones registradas con SNR >10. La muestra es pequeña, por lo que las conclusiones son preliminares; no se consideraron modelos con sección eficaz variable. El trabajo ilustra el potencial de LISA como herramienta para investigar la microfísica de la materia oscura y justifica la necesidad de simulaciones a mayor escala.
Las partículas de materia oscura pueden comportarse como melaza: en un modelo no se estorban entre sí, en otro se empujan ligeramente, creando viscosidad. De esto depende cuán rápido los gigantescos agujeros negros en los centros de las galaxias caen uno hacia el otro y se fusionan.
El observatorio espacial LISA captará ondas gravitacionales de tales fusiones. Si se registran alrededor de 70 señales, su frecuencia revelará si la materia oscura era viscosa. Este método recuerda a cómo por el ruido de las manzanas al caer se puede saber si cayeron sobre césped o sobre sirope. Es sorprendente que LISA esté organizada igual que el sistema auditivo humano: tres detectores, separados por millones de kilómetros, actúan como nuestros oídos, captando el temblor del espacio-tiempo.
🎯 Fritz Zwicky en 1933 sospechó la existencia de la materia oscura, y Vera Rubin en los años 70 demostró: las galaxias giran como si las sostuviera un armazón invisible. Hoy está claro: hay cinco veces más materia oscura que materia ordinaria.