Físicos han propuesto sistemas cuánticos en los que el número de dimensiones espaciales es una variable dinámica que depende del estado. Curiosamente, estos sistemas muestran simetrías ampliadas en comparación con los convencionales. Como ejemplo, se considera un sistema de dos niveles donde la dimensionalidad está representada por un operador; el cálculo de la función de partición reveló una dimensionalidad efectiva que cambia con la temperatura. Esta idea puede aplicarse en campos muy diversos —desde la gravedad cuántica hasta la física del estado condensado— y convierte la dimensionalidad habitual en un objeto cuántico, como el espín o la carga.
Habitualmente consideramos que el número de dimensiones es constante: largo, ancho, alto. Pero en el mundo cuántico incluso esto puede ser variable. Una nueva teoría describe sistemas donde la dimensión no es una constante, sino una propiedad cuántica que puede ser diferente al mismo tiempo.
Un globo en el frío está plano, en el calor, redondo. El 'globo' cuántico existe en ambas formas a la vez, y la geometría promedio depende de la temperatura. Los cálculos confirman: a bajas energías el sistema se comporta como bidimensional, a altas energías como tridimensional. Así se fijaron tres dimensiones en nuestro mundo: son energéticamente más favorables.
Esto revoluciona las ideas sobre el espacio-tiempo cerca de los agujeros negros, donde las dimensiones pueden cambiar su dimensionalidad. En otras palabras, la propia geometría participa en una danza cuántica, vinculando el orden y la entropía con la temperatura. Incluso en el espacio vacío, las dimensiones 'titilan', fluctuando entre distintos valores.
🎯 Incluso el espacio vacío a nivel cuántico no está vacío: hierve con partículas virtuales. Ahora también el número de dimensiones puede unirse a esta danza.
🎬 Como la TARDIS de 'Doctor Who', que es más grande por dentro que por fuera, esta teoría juega con la idea de que las dimensiones pueden ser cambiantes.