Con el instrumento NIRSpec del JWST se ha estudiado la variabilidad espectral del par de enanas marrones WISE 1049AB. El componente B muestra oscilaciones más fuertes que el A. Sin embargo, en A la variabilidad de las líneas de absorción de metano (CH₄) y monóxido de carbono (CO) es mayor que la del vapor de agua (H₂O), aunque se forman a niveles de presión atmosférica similares. Esto indica no solo la presencia de nubes, sino también inestabilidades termoquímicas: reacciones químicas desiguales. Se ha visualizado un mapa tridimensional de la dinámica atmosférica que incluye ondas planetarias.
Las enanas marrones son más pesadas que los planetas, pero más ligeras que las estrellas. Su atmósfera es como una olla hirviendo: nubes de arena candente y gotas de hierro suben y bajan. El telescopio Webb observó durante mucho tiempo el par WISE 1049AB y, descomponiendo su luz en colores, notó un misterio: en la enana más cálida, la luz del metano y del monóxido de carbono parpadea mucho más que la del agua, aunque las tres provienen de la misma profundidad. Las nubes no son las culpables: en el interior ocurren reacciones químicas turbulentas. Como en una olla donde algunos condimentos suben más rápido al calentarse, estas reacciones se aceleraban y se detenían, provocando ondas en el brillo.
Además, recorren la atmósfera ondas gigantescas, exactamente como las que crean el clima en la Tierra, pero sin océanos ni tierra. Este baile químico podría ser la clave para predecir el clima en planetas lejanos.
🎯 Ondas químicas similares probablemente azotan también la atmósfera de Júpiter; simplemente no podemos verlas directamente.