Los agujeros negros primordiales son candidatos para la materia oscura. Si el efecto cuántico de “sobrecarga de memoria” ralentiza su evaporación, los agujeros ligeros (con masa de hasta 10^15 g) sobreviven hasta la época del amanecer cósmico y calientan el hidrógeno. Esto modifica la señal de radio global de 21 cm que detectamos hoy. Los cálculos muestran que los agujeros en el rango de 10^8–10^13 g están descartados si su fracción en materia oscura supera 10^-8. Es curioso que al activarse rápidamente el efecto memoria, las restricciones desaparecen: la naturaleza parece esconder las pistas.
Los diminutos agujeros negros, nacidos en los primeros instantes tras el Big Bang, según la teoría de Hawking deberían haber desaparecido hace tiempo — evaporados como un charco de agua al sol. Pero nuevos cálculos muestran que la evaporación no es tan rápida. El agujero se asfixia en su propia radiación, como una olla hirviendo cubierta por una nube de vapor que frena el hervor. Este efecto de «carga de memoria» convierte un destello instantáneo en un largo y lento desvanecimiento.
Estos agujeros «a medio hervir» calentaron durante siglos el hidrógeno circundante en el joven universo. Los átomos de hidrógeno, al sentir el calor, cambian su voz de radio: la emisión en la línea de 21 cm. Los astrónomos captan esta señal antigua y ven que es demasiado fría. Si hubiera más de una ínfima fracción de agujeros negros, habrían calentado más el gas, distorsionando la imagen de radio. Por tanto, estos objetos no pueden ser la materia oscura: su cantidad es inferior a una diezmillonésima de lo necesario.
🎯 El instrumento más sensible para buscar materia oscura no es un gigantesco detector subterráneo, sino un radiotelescopio común que escucha el eco del hidrógeno de la época en que aún no se habían encendido las primeras estrellas.