La luz comprimida elimina ruidos superfluos, haciendo las mediciones supersensibles. En un nuevo trabajo, los físicos lograron controlar esa luz en un tiempo récord, en la escala de attosegundos. Es como cambiar instantáneamente el foco de los binoculares: ahora se puede alternar entre tipos de compresión simplemente con un retardo entre pulsos láser. ¿Qué nueva física veremos con un control tan rápido?
La luz normal siempre tiembla un poco: su brillo y color fluctúan, como el aire en un globo inflado después de un golpe. En la luz «comprimida», estas fluctuaciones se redistribuyen, como si se apretara el globo por un lado, haciéndolo más delgado aquí y más grueso allí, pero el volumen total es el mismo. Así se sacrifica precisión en un aspecto para ganar en otro. Esto ya ha permitido a los detectores de ondas gravitacionales captar vibraciones miles de veces más pequeñas que un núcleo atómico, y oír colisiones de agujeros negros a miles de millones de años luz.
Ahora los físicos han aprendido a cambiar instantáneamente qué parte del «globo» se aprieta. Envían al material dos pulsos láser con un retraso menor que una oscilación de luz: la luz no tiene tiempo de cambiar, pero la materia ya se reconfigura. Esta conmutación ocurre en attosegundos (milmillonésimas de milmillonésima de segundo). El análisis mediante espectroscopía muestra cómo los diferentes colores de esta luz están relacionados entre sí, lo que permite diseñar fuentes cuánticas ideales para los futuros ordenadores. Esta velocidad podría superar en miles de millones de veces la rapidez de los procesadores modernos.
🎯 Nadie comprime físicamente la luz «comprimida»: es solo una astuta redistribución del ruido natural, donde la reducción del ruido en un lugar se traduce en su aumento en otro, como en un globo.