La fusión de agujeros negros genera una onda gravitacional. A veces, en el camino de la onda se interpone una galaxia o un grumo de materia oscura, predicha por Zwicky y descubierta por Rubin. Un objeto masivo, como la ladera de una montaña, refleja la señal, y nos llegan ecos: copias con diferente retraso.
Parte de la materia oscura podrían ser agujeros negros primordiales, objetos de la época del Big Bang. Si hay muchos, cambian notablemente el patrón de los ecos gravitacionales, incluso siendo una ínfima impureza. Los nuevos detectores, cuya idea desarrolló Rainer Weiss, medirán la frecuencia y los retrasos de esas repeticiones.
Un dato asombroso: el retraso entre ecos puede ser de meses. En ese tiempo, la luz alcanza a viajar decenas de miles de años luz, mientras la señal gravitacional apenas llega hasta nosotros. Comparando el pulso inicial y sus copias, los astrónomos calcularán la distribución de los antiguos agujeros negros con más precisión que cualquier telescopio.
🎯 Un agujero negro primordial puede ser del tamaño de un átomo y tener la masa de una montaña, y su eco gravitacional puede llegarnos desde el otro extremo del universo.