¿Puede el fondo difuso de neutrinos, como el ruido de millones de galaxias, nacer en las coronas de los núcleos activos? Las simulaciones muestran que la aceleración de protones durante la reconexión de líneas magnéticas y su posterior colisión con la radiación de rayos X de la corona produce neutrinos. Incluir el enfriamiento sincrotrónico (frenado en el campo magnético) de piones y muones explica los datos de IceCube hasta ~1 PeV, si en el 10% de los núcleos la magnetización de protones alcanza 100.000. A energías más altas, la emisión se atenúa y los principales candidatos son los chorros.
En el centro de muchas galaxias se esconde un agujero negro — predicho por Schwarzschild. A su alrededor ruge una corona abrasadora, similar a la solar pero a mil millones de grados. Aquí nacen los neutrinos — partículas fantasma (intuidas por Pauli), capaces de atravesar un año luz de plomo.
Los protones, acelerados por los campos magnéticos de la corona, chocan contra la luz de rayos X y se transforman en neutrinos. Antes se creía que tales partículas eran expulsadas por potentes chorros de plasma, pero los datos del observatorio antártico IceCube mostraron algo distinto. Las galaxias silenciosas sin chorros, con una corona común, resultaron ser la fuente principal: explican casi todo el flujo de neutrinos hasta energías de petaelectronvoltios.
Solo para energías récord este caldero no basta; entonces entran en juego galaxias con chorros relativistas. Así, combinando las observaciones de los «fantasmas» con la teoría, dibujamos el cuadro completo de su origen.
🎯 Para detener un neutrino se necesitaría un escudo de plomo de un año luz de espesor, y ni siquiera eso es garantía.
🎬 En la ciencia ficción, los neutrinos son mensajeros ideales a través de planetas; en la realidad, nos traen noticias de las abrasadoras coronas de los agujeros negros.