El gato de Schrödinger está encerrado en una caja y, mientras nadie levante la tapa, está vivo y muerto a la vez. Es extraño, pero así funciona el mundo cuántico. Los físicos llevan mucho tiempo discutiendo cuándo se convierte el gato en una sola cosa. Un trabajo nuevo afirma que eso ocurre en el momento en que el medidor termina su tarea.
Imaginen que escuchan un susurro muy tenue. No distinguirán las palabras hasta que amplifiquen el sonido. El amplificador convierte el susurro en algo fuerte y entonces oyen un «sí» o un «no». Con el gato pasa lo mismo. La amplitud que describe su estado se amplifica y, con una amplificación grande, aparecen dos ramas: el gato vivo y el gato muerto.
Cuando la amplificación ha terminado y se ha cortado la conexión con el medidor, el gato ya está definido. Es como si un juez hubiera dictado sentencia y hubiera cerrado el caso. Hasta ese momento, el gato estaba en un estado indefinido. Esta visión concuerda con nuestra intuición: las cosas grandes tienen propiedades por sí mismas, independientemente de que las miremos o no.
El gato de Schrödinger se propuso como una burla de la interpretación de Copenhague, pero hoy se crean estados de gato en laboratorios con cientos de fotones.
La idea de que la realidad se define por la medición se explora en la película «Interstellar», donde datos cuánticos se transmiten a través de un agujero de gusano.