Los agujeros negros primordiales (ANP) con masas de asteroides podrían ser materia oscura, pero son casi indetectables. Un estudio ha revelado que sus fuerzas de marea (la enorme diferencia gravitatoria a distancias cortas) pueden arrancar electrones de los átomos e incluso destruir núcleos atómicos, por ejemplo, rompiendo deuterones o provocando la fisión de núcleos pesados. Para ciertos rangos de masa de los ANP, este efecto domina sobre la radiación de Hawking, especialmente justo después de la época de recombinación. Esto abre una nueva vía de búsqueda: a través de las 'huellas' gravitacionales en la materia.
Diminutos agujeros negros del tamaño de un átomo pero más pesados que un asteroide nacieron justo después del Big Bang. Ahora, probablemente, son la materia oscura, esa masa invisible que impide que las galaxias se desintegren. No se pueden atrapar directamente: apenas emiten nada.
Pero su gravedad desgarra el hidrógeno como un chicle suave: un lado del átomo es atraído con más fuerza que el otro y explota. Los destellos de estas rupturas se buscan en la antigua radiación que quedó de la época 380 000 años después del Big Bang.
La sorpresa más inesperada: estos agujeros negros pueden incluso desintegrar núcleos de deuterio. Esto alteró la composición química del universo temprano, y tal vez sea precisamente esa huella la que indique la naturaleza de la materia oscura. Un método de búsqueda así habría sorprendido a George Gamow y a Ralph Alpher, pioneros de la química cósmica.
🎯 Un agujero negro con la masa de un asteroide pero más pequeño que un átomo, desgarra por fuerza de marea el núcleo de deuterio (un isótopo del hidrógeno), y esto alteró la composición química del universo primitivo.