Agita un frasco con arena y canicas: verás cómo los objetos grandes flotan o se hunden según su tamaño. Pero si agitas con inteligencia, puedes lograr que las canicas se junten en pares y cadenas, como si estuvieran pegadas entre sí. Ese 'pegamento invisible' es lo que físicos de India y Alemania han logrado capturar y medir por primera vez.
Tomaron un recipiente plano con gránulos —pequeños discos— que vibraban de modo que se movieran caóticamente, como moléculas en un líquido. En ese 'líquido granular' colocaron dos discos grandes 'invitados'. Alrededor de cada invitado, los gránulos perdían su orden: se formaba una isla de desorden, similar a una burbuja. Las dos burbujas comenzaban a atraerse y fusionarse, arrastrando consigo a los invitados. La fuerza de esa atracción resultó ser diminuta —del orden de una milmillonésima de newton— pero suficiente para que los discos se acercaran y se mantuvieran unidos.
Este efecto se ha denominado 'orderofóbico' —literalmente, 'que teme al orden'. Es universal: funciona en líquidos, coloides y sistemas biológicos. Ahora que conocemos su fuerza, podemos controlar el ensamblaje de micropartículas, crear nuevos materiales e incluso influir en el comportamiento de las células en los tejidos. Así que agita un frasco de arena: quizá veas nacer el material inteligente del futuro.
La fuerza de atracción entre dos 'burbujas de desorden' en el experimento era mil millones de veces menor que el peso de un grano de arena, pero bastó para mantener juntos dos discos, cada uno del tamaño de una moneda.