La luz no siempre viaja en línea recta. Su onda se puede retorcer en espiral, como el chorro de agua que sale de una manguera cuando se gira rápidamente. Esa torsión se denomina momento angular orbital, y en ella se puede ocultar información: cada vuelta es como un canal de comunicación separado. El problema es que solo instalaciones voluminosas de lentes y espejos sabían reconocer esas vueltas.
Los ingenieros han construido un fotodetector de silicio del tamaño de un grano de arena que lo hace por sí solo. En sus electrodos hay micropeines metálicos: rejillas plasmónicas. Cuando la luz retorcida incide sobre ellas, se convierte en ondas superficiales que se dispersan en diferentes ángulos según el número de vueltas. Luego, esas ondas generan una corriente eléctrica, y por su intensidad el chip deduce cuán retorcida estaba la luz.
Se añadió una lente transparente directamente sobre la superficie del chip, y la resolución mejoró aún más. Y al dividir el electrodo en dos mitades, se enseñó al sensor a distinguir la torsión izquierda de la derecha. Todo esto se hace con tecnología de silicio estándar, como la de los microchips de computadora comunes, por lo que este detector se puede integrar fácilmente en cualquier placa optoelectrónica.
Ahora, la fibra óptica puede transportar decenas de haces retorcidos simultáneamente, cada uno con su propio flujo de datos. En el extremo receptor hay una diminuta placa de silicio que desenreda todas esas espirales y las convierte en señales eléctricas comprensibles. Sin lentes voluminosos, sin alineación. La luz ordinaria, como el agua de la manguera, ahora se puede retorcer y desenredar directamente en el chip.
El momento angular orbital de la luz se obtuvo por primera vez en 1992, al pasar un rayo láser a través de una placa especial que parecía una escalera de caracol para la luz.
En la serie 'Star Trek' se utilizan moduladores de fase para transmitir datos, pero la idea de la luz retorcida está más cerca de los 'flujos warp' de los libros de Alastair Reynolds.