Una orquesta donde cada músico toca a su propio ritmo suena a caos. Pero basta con que el director agite la batuta para que todos los instrumentos se fundan en una melodía armoniosa, con cada nota en su lugar. Algo parecido resuelven los físicos cuando estabilizan la frecuencia de un láser. El láser no emite un haz continuo, sino una serie de pulsos ultracortos, como un redoble de tambor. Si los intervalos entre golpes "flotan", el redoble se convierte en ruido. La estabilización es el director que hace que cada pulso llegue exactamente a tiempo.
En el nuevo trabajo, los científicos emplearon un tipo especial de láser: el de disco delgado, donde la luz se amplifica al atravesar un cristal fino, similar a un espejito. Este láser produce una potencia media de 180 vatios, equivalente a unas 18 bombillas incandescentes, pero concentrada en pulsos de millonésimas de milmillonésima de segundo. Dentro del láser, la potencia máxima alcanza los 500 megavatios, como un destello instantáneo de toda una central eléctrica. Para domar esa potencia, los científicos recurrieron a un truco: hicieron pasar parte de la luz por un cristal de granate de itrio y aluminio, que expande el espectro, igual que un prisma descompone la luz blanca en un arcoíris. Luego, los dos extremos de ese arcoíris se reunieron y, mediante su interferencia —un patrón de franjas brillantes y oscuras—, se puede detectar la más mínima fluctuación en el ritmo de los pulsos.
Tras esta estabilización, el láser comprime los pulsos hasta una potencia máxima de 0,9 gigavatios, como mil centrales eléctricas encendiéndose por un instante. Un haz así es capaz de arrancar electrones de los átomos de gases nobles, generando radiación ultravioleta e incluso ultravioleta extrema. Esta radiación, a su vez, puede convertirse en un "peine de frecuencias": un conjunto de miles de colores medidos con precisión, utilizado en los relojes más exactos y en espectroscopía. Antes, estos dispositivos eran voluminosos y delicados. Ahora, gracias al compacto láser de disco delgado, surge la oportunidad de crear un aparato de sobremesa que produzca un peine estable en el ultravioleta. Y eso abre nuevas posibilidades para estudiar procesos rápidos en átomos y moléculas, para la navegación de precisión y, quizás, para las futuras tecnologías cuánticas.
Un solo pulso de este láser dura aproximadamente 200 femtosegundos. En ese tiempo, la luz recorre una distancia menor que el grosor de un cabello humano, y el pulso transporta energía suficiente para evaporar una gota de agua.
La idea del peine de frecuencias preciso recuerda a las "espadas de luz" de la ciencia ficción, pero en realidad es una herramienta para mediciones ultraprecisas que podría ayudar a crear computadoras cuánticas.