Una impresora 3D normal extruye plástico como un pastelero que decora con manga pastelera. Aquí, en lugar de plástico, se usa luz. Un rayo láser dibuja en una resina líquida, haciendo que se endurezca en los puntos deseados. Así nacen piezas que no se pueden ver sin un microscopio.
Hasta ahora, estas impresoras trabajaban lento: el rayo recorría la superficie como una pluma sobre el papel. La nueva máquina cambia las reglas del juego. Proyecta una imagen completa de una vez, como un proyector de cine. La luz se divide en millones de espejos diminutos, y cada zona se solidifica simultáneamente. La velocidad se dispara a un millón de vóxeles por segundo: es como llenar una habitación entera con cubos de Rubik en una sola tarde.
Para que la resina se endurezca al instante, se eligió un catalizador especial. Evita que los puntos vecinos se fundan entre sí por el calor, igual que el aceite en una sartén evita que los panqueques se peguen. Así, el patrón resulta nítido y las piezas, uniformes.
La impresora ya ha impreso una rejilla similar a un panal de abejas y un bosque de pilares microscópicos. Estas estructuras son útiles en óptica: controlan la luz mejor que las lentes convencionales. Ahora se pueden fabricar rápida y económicamente, como imprimir fotos con una impresora de inyección de tinta.
La precisión de impresión es de 400 nanómetros, 200 veces más fino que un cabello humano.