Una cuerda de guitarra, al ser pulsada, vibra — y el aire a su alrededor transmite esa vibración al oído. El espacio-tiempo vibra de otra manera: cuando una onda gravitacional lo atraviesa, se estira y se comprime ligeramente. Detectar esa vibración en frecuencias de 10 kilohercios a 100 megahercios es la tarea para la que se están construyendo detectores de un nuevo tipo.
La base es una cavidad superconductor de radiofrecuencia. Se trata de un «resonador» metálico en el que el campo electromagnético oscila de manera muy estable. Una onda gravitacional, al atravesar la cavidad, altera sus límites — apenas, en fracciones del tamaño de un núcleo atómico. El campo responde a ese cambio, y mediante el desplazamiento de la frecuencia se puede saber que la onda ha llegado. Pero para escuchar ese susurro se necesita silencio: la cavidad se enfría a 1,8 kelvin y se protege de las vibraciones sísmicas.
Estos detectores se instalarán en DESY y Fermilab. Abrirán una ventana a un rango que LIGO y Virgo no han explorado. Si las ondas gravitacionales de alta frecuencia existen, su origen podrían ser eventos exóticos — por ejemplo, colisiones de pequeños agujeros negros o procesos en el universo temprano.
tal como lo escribieron los autores, en inglés arXiv:2601.18719
Today, apart from some isolated R&D efforts, there are no gravitational wave (GW) experiments, yet which explore a large part of the vast frequency range above the LIGO/Virgo band. It is planned to establish an experiment at Deutsches Elektronen-Synchrotron (DESY) and at the Superconducting Quantum Materials and Systems (SQMS) Center at Fermi National Accelerator Laboratory (Fermilab) to search for high-frequency GWs in the frequency range of 10 kHz to 100 MHz. The basic idea is to use superconducting radiofrequency (SRF) cavities to detect tiny harmonic deformations induced by GWs which change the boundary conditions of the oscillating electromagnetic field. This paper summarizes the challenging environmental boundary requirements, and the R&D to operate a cavity using a low level RF (LLRF) system which pushes beyond state-of-the-art accuracy and resolutions and a seismic noise mitigated cryostat at 1.8 K. The focus of this paper is the warm and cold commissioning of a prototype cavity, built 20 years ago during the MAGO collaboration, and its first measurement in our collaborative research project.
A una temperatura de 1,8 kelvin, las cavidades superconductoras apenas pierden energía: el campo en su interior puede «sonar» miles de millones de veces antes de extinguirse.
En la novela «Contacto» de Carl Sagan, una señal extraterrestre se capta mediante una red de radiotelescopios; aquí, la humanidad intenta escuchar el propio fondo del universo.