Muy por debajo de nuestros pies, en el mismo centro de la Tierra, se encuentra el núcleo sólido de hierro. Pero no es hierro puro: también contiene elementos más ligeros, como el hidrógeno. Cómo se distribuye exactamente el hidrógeno dentro del núcleo ha sido durante mucho tiempo un misterio.
Los científicos construyeron un modelo informático del comportamiento del hidrógeno en el hierro a presiones y temperaturas gigantescas, como las del núcleo real. Descubrieron que si se toma la temperatura del núcleo y se divide por la temperatura de fusión del hierro puro, esa relación controla cuánto hidrógeno acaba en la parte sólida y cuánto en la líquida. La presión influye poco. Esta regla sencilla reconcilió los cálculos anteriores, que daban cifras diferentes.
Resulta que cuanto más cerca del centro del núcleo, más hidrógeno debería haber, y hacia el borde, menos. Esto no es casualidad, sino una consecuencia del equilibrio: a esas temperaturas y presiones, al hidrógeno le resulta energéticamente más favorable acumularse en la profundidad. Es probable que este mismo mecanismo funcione también para otros elementos ligeros del núcleo.
Si todo el hierro del núcleo terrestre se extendiera sobre la superficie, cubriría el planeta con una capa de unos 2 metros de espesor.