El Universo comenzó con el Big Bang y la posterior inflación: una expansión abrupta. Alan Guth sugirió que en algunas regiones este crecimiento nunca se detuvo. Quedaron para siempre como bolsas 'a medio hornear' de expansión eterna. En nuestro espacio, esas regiones aparecieron como agujeros negros primordiales: grumos de densidad inimaginable. Su masa total es la materia oscura, el andamio invisible que mantiene unidas las galaxias.
El proceso fue como el leudado de una masa: mientras casi todo se alisó en un pan homogéneo, algunas burbujas quedaron atrapadas sin mezclarse con la miga. Estas inclusiones son los agujeros negros. Algunos son más pequeños que un átomo, pero pesan como una montaña. Su nacimiento sacudió el tejido mismo de la realidad, generando un zumbido débil pero omnipresente: las ondas gravitacionales. Este eco del Big Bang aún puede ser captado por detectores sensibles en el futuro.
tal como lo escribieron los autores, en inglés arXiv:2602.08338
We propose that the totality of dark matter in the universe might ascribe its origin to one of the key properties of cosmological inflation, that it may be eternal: regions that at the end of the primordial accelerated expansion of the universe never reheated, but keep eternally inflating, manifest themselves as primordial black holes in our observable universe. This mechanism can provide a primordial black hole abundance which is larger than the standard one due to the gravitational collapse of sizeable overdensities in the radiation phase. It also predicts a broad spectrum for the curvature perturbation and a flat stochastic gravitational wave background at a level of $$\Omega_\text{GW} h^2 \simeq 10^{-10}$$ up to the mHz.
Un agujero negro primordial puede ser más pequeño que un átomo pero tener la masa de una montaña.