Se ha propuesto un mecanismo para el origen de la materia oscura a partir de la inflación eterna: regiones que no experimentaron el recalentamiento tras la expansión y continúan inflándose eternamente se convierten en agujeros negros primordiales. Esto produce más agujeros negros que el colapso estándar de inhomogeneidades. Se predice un amplio espectro de perturbaciones de curvatura y un fondo plano de ondas gravitacionales con Ω_GW h² ≈ 10⁻¹⁰ hasta frecuencias de milihercios. Analogía: como burbujas en una espuma que nunca se solidifica, que se transforman en grumos invisibles.
El Universo comenzó con el Big Bang y la posterior inflación: una expansión abrupta. Alan Guth sugirió que en algunas regiones este crecimiento nunca se detuvo. Quedaron para siempre como bolsas 'a medio hornear' de expansión eterna. En nuestro espacio, esas regiones aparecieron como agujeros negros primordiales: grumos de densidad inimaginable. Su masa total es la materia oscura, el andamio invisible que mantiene unidas las galaxias.
El proceso fue como el leudado de una masa: mientras casi todo se alisó en un pan homogéneo, algunas burbujas quedaron atrapadas sin mezclarse con la miga. Estas inclusiones son los agujeros negros. Algunos son más pequeños que un átomo, pero pesan como una montaña. Su nacimiento sacudió el tejido mismo de la realidad, generando un zumbido débil pero omnipresente: las ondas gravitacionales. Este eco del Big Bang aún puede ser captado por detectores sensibles en el futuro.
🎯 Un agujero negro primordial puede ser más pequeño que un átomo pero tener la masa de una montaña.