Una estrella envejecida expulsa sus capas exteriores y queda un núcleo denso y caliente del tamaño de la Tierra: una enana blanca. Si alrededor orbitan restos de planetas, asteroides o cometas, estos se calientan y empiezan a brillar en el infrarrojo. Esa luz extra es como una mancha cálida en un suelo frío.
Los astrónomos tomaron datos del telescopio espacial Gaia y de sondeos terrestres. Midieron el brillo de 456 enanas blancas en un radio de cien años luz del Sol. En 292 de ellas, el exceso de radiación infrarroja está confirmado de forma fiable; el resto son candidatas. Tres cuartas partes de estos objetos se han descubierto por primera vez.
Un detalle interesante: entre las enanas blancas polvorientas, son más frecuentes las que tienen una atmósfera de helio en lugar de hidrógeno. Y cuanto más roja es la estrella, mayor es esa probabilidad. Para las enanas blancas normales, la tendencia es la contraria.
Este catálogo es el más grande y fiable hasta la fecha. Las enanas blancas polvorientas cercanas son fáciles de estudiar en detalle: a través de sus discos se puede saber de qué estaban hechos los planetas desaparecidos y cómo mueren los sistemas estelares.
Una enana blanca del tamaño de la Tierra puede pesar tanto como el Sol: una cucharadita de su materia pesaría varias toneladas.
En la novela 'Hyperion' de Dan Simmons, las enanas blancas y su entorno se mencionan como parte de antiguas estructuras de ingeniería astronómica.