Una célula solar normal hace una sola cosa: cuando brilla el sol, fluye la corriente. Pero aquí, cuando brilla el sol, la corriente fluye de manera distinta según de qué lado acerques un imán. Una capa de moléculas de fullereno (parecidas a un balón de fútbol) actúa como intermediaria: genera portadores de carga bajo la luz y deja pasar electrones con una dirección de giro determinada, como si los clasificara por su rotación.
Resulta que el campo magnético cambia este flujo en un 5% incluso a temperatura ambiente. Es poco, pero suficiente para que el dispositivo funcione como un inversor magnético: la corriente va en una dirección sin imán y en la otra con imán. Con cierta iluminación, la diferencia se vuelve enorme: la corriente se divide en direcciones opuestas, como el agua en una bifurcación.
Estos dispositivos son necesarios para la espintrónica, la electrónica donde la señal se transporta no solo mediante la carga, sino también mediante la rotación del electrón. Si logramos combinar la luz y el magnetismo en una misma molécula, aparecerán sensores que detecten a la vez la iluminación y el campo magnético.
El fullereno C60 está formado por 60 átomos de carbono dispuestos en una esfera, como un balón de fútbol. Por su descubrimiento se concedió el Premio Nobel de Química en 1996.