Las estrellas gigantes azules suelen nacer en guarderías estelares apretadas: cúmulos abiertos dentro del delgado disco de nuestra galaxia. Pero a veces se encuentran muy por encima del disco, como si hubieran sido expulsadas de casa. ¿Cómo llegaron allí? Los astrónomos decidieron realizar una "prueba de paternidad": tomar 39 de estas estrellas huérfanas y 447 cúmulos, y rastrear sus caminos hacia atrás en el tiempo con los datos del telescopio Gaia.
El telescopio Gaia mide las posiciones y velocidades de las estrellas con una precisión enorme. Los científicos rebobinaron la película decenas de millones de años y observaron si las trayectorias de las estrellas y los cúmulos se cruzaban. Si se cruzaban, significaba que la estrella podría haber sido expulsada de allí. Para verificarlo, compararon las edades de la estrella y el cúmulo mediante los diagramas color-magnitud, una especie de pasaporte estelar. Coincidieron cinco parejas.
Para cada una de las cinco estrellas, se pudo estimar la velocidad de expulsión y el tiempo de viaje. Resultó que los mecanismos son diferentes: algunas fueron lanzadas por la explosión de una supernova vecina, otras por una honda gravitatoria durante un encuentro cercano de estrellas en el núcleo del cúmulo.
Así, las "estrellas huérfanas" encuentran a sus familias. Y esa que no encaja en el panorama general nos recuerda que la galaxia aún guarda muchas sorpresas.
El telescopio Gaia es tan preciso que puede medir el ángulo bajo el cual se ve una moneda en la Luna desde la Tierra.
En la serie "Star Trek" hay un episodio donde una estrella fugitiva se lleva un planeta consigo, un escenario posible en la expulsión desde un cúmulo.