Los estallidos rápidos de radio son destellos instantáneos de radio provenientes del espacio profundo. En una milésima de segundo liberan tanta energía como la que emite el Sol en un mes. Uno de estos estallidos, al repetirse, permitió a los científicos asomarse al epicentro de una explosión estelar reciente. Los astrónomos siguieron la señal durante tres años y notaron que cada año llegaba más rápido, porque la nube de partículas cargadas —el «humo» cósmico— se estaba disipando. Era como la luz que se filtra a través de una nube de fuegos artificiales que se va aclarando.
Pero un día, a través de ese humo irrumpió un potente fogonazo magnético, como si dentro de los fuegos artificiales se encendiera de repente una carga adicional. Así se descubrió una estrella de neutrones recién nacida, un objeto superdenso del tamaño de una ciudad que quedó tras la explosión de una supernova. Su campo magnético resultó ser tan intenso que, si uno estuviera cerca, arrancaría el hierro de la sangre. A diferencia de los púlsares, que parpadean rítmicamente, sus estallidos de radio son caóticos. Justo el tipo de objetos que predijo Fritz Zwicky. Ahora podemos observar en tiempo real cómo respira y evoluciona el lugar donde murió una estrella.
🎯 Si el ojo humano pudiera ver las ondas de radio, este estallido eclipsaría por un instante todo el cielo.
🎬 En la ciencia ficción, las señales de radio del espacio suelen atribuirse a extraterrestres, pero estos estallidos son los gritos de agonía de las estrellas.