Con la ayuda del telescopio James Webb se ha detectado hielo cristalino de dióxido de carbono en el denso capullo de polvo (toro) de la nebulosa planetaria NGC 6302. Aunque la radiación ultravioleta de la estrella moribunda suele destruir las frágiles moléculas, el anillo de polvo crea un escudo natural. El perfil de absorción con doble pico indica CO₂ cristalino puro, y la proporción de gas a hielo aquí es decenas de veces mayor que en los viveros estelares jóvenes. Es como encontrar un copo de nieve en el desierto: significa que incluso en condiciones severas es posible una química compleja del hielo.
En un taller caliente de metal fundido, cualquier trozo de hielo se evaporaría al instante. Pero escondido en un guante grueso, permanecería intacto. Un truco similar ha hecho la naturaleza en la nebulosa planetaria NGC 6302. La estrella moribunda inunda el espacio circundante con mortal radiación ultravioleta, pero dentro de un denso anillo de polvo, el telescopio JWST detectó algo inesperado: hielo cristalino puro de dióxido de carbono. Lo delataron sus líneas espectrales, idénticas a las de un bloque de hielo seco, el que se usa para el humo teatral.
Hasta ahora, los científicos creían que en sistemas tan viejos no se formaban hielos. Pero los datos de espectroscopía mostraron que hay abundante gas de CO2 alrededor, y la proporción de gas a hielo aquí es decenas de veces mayor que en las cunas de estrellas recién nacidas. Aparentemente, el hielo crece directamente sobre las partículas de polvo, como la escarcha en una ventana, pero dentro de un "guante" protector de polvo. El hallazgo obliga a reescribir la química de los astros moribundos.
🎯 El hielo seco en la Tierra no se derrite, sino que se sublima directamente, saltándose la fase líquida. En el espacio se comporta igual, por eso sus cristales pueden existir durante miles de millones de años.