En las profundidades de la galaxia a veces nacen estrellas fugitivas. Una fuerza colosal —la explosión de una supernova— las expulsa de su lugar habitual. Una de estas vagabundas se ha encontrado recientemente: una estrella de la clase LP 40-365, un fragmento de una enana blanca que sobrevivió a una explosión incompleta.
La atmósfera de esta estrella está compuesta casi por completo de neón y oxígeno, como si de una hoguera solo quedaran brasas incombustibles. Es más caliente que sus congéneres y su velocidad supera los 600 kilómetros por segundo. Para que te hagas una idea: es la distancia entre Madrid y Barcelona en un segundo. Semejante velocidad casi con toda seguridad significa que la estrella abandonará la Vía Láctea para siempre.
Este descubrimiento agrava un viejo problema. Los modelos de explosiones de enanas blancas predicen cuánto neón y oxígeno debería quedar y a qué velocidad se dispersan los fragmentos. Pero las estrellas reales del tipo LP 40-365 no coinciden con los cálculos: la composición es distinta y las velocidades son mayores. Por tanto, nuestras ideas sobre estas explosiones necesitan una revisión.
Una estrella del tipo LP 40-365 no es una estrella completa, sino solo su núcleo carbonizado que la explosión no llegó a destruir del todo.
En la película 'Interstellar', los protagonistas usan una maniobra gravitatoria alrededor de un agujero negro para acelerar; una estrella fugitiva recibe su empujón de la explosión de una supernova.