Los agujeros negros son uno de los objetos más misteriosos del universo. Su gravedad es tan fuerte que ni siquiera la luz puede escapar de sus inmediaciones. Pero estudiarlos directamente es muy difícil: el agujero negro más cercano está a miles de años luz, y las fusiones de dos agujeros negros duran millones de años. Por eso los físicos buscan formas de reproducir el comportamiento de los agujeros negros en el laboratorio, mediante los llamados sistemas análogos.
Uno de los análogos más exitosos es el condensado de polaritones. Es un estado especial de la materia que surge a temperaturas muy bajas, cuando las partículas de luz (fotones) y las partículas de materia (excitones) se combinan en nuevas partículas: los polaritones. El condensado de polaritones se comporta como un líquido superfluido: puede fluir sin fricción. Y si se crea un vórtice en él, alrededor del vórtice surge un flujo que atrae todo hacia adentro, como el agua que se va por el desagüe de una bañera. Y exactamente igual que en un agujero negro, de ese vórtice no puede escapar nada, ni siquiera la luz. Por eso, un vórtice en un condensado de polaritones se denomina agujero negro análogo.
Los autores del nuevo trabajo se preguntaron: ¿pueden dos o más de estos vórtices fusionarse en uno solo, como los agujeros negros reales en una colisión? Resulta que dos vórtices no pueden formar un horizonte común: siempre permanecen separados. Pero cuatro o más vórtices pueden fusionarse por completo, y entonces surge un horizonte común cuyo radio se determina mediante una simple ley geométrica: es igual a la media geométrica de los radios de los vórtices originales. Esto significa que, observando los vórtices en el laboratorio, se puede estudiar cómo se fusionan los agujeros negros en el espacio, pero a un ritmo acelerado y con control total.
Estos experimentos ayudan a comprender mejor no solo los agujeros negros, sino también la propia naturaleza del espacio y el tiempo. Después de todo, si un sistema análogo se comporta igual que un agujero negro real, entonces algunas propiedades de los agujeros negros podrían ser universales y no depender de la realización física concreta. Y entonces, quizás, la clave para desentrañar los misterios de la gravedad no esté en el espacio lejano, sino en una fría instalación de laboratorio con láseres y espejos.
tal como lo escribieron los autores, en inglés arXiv:2603.01664
Analogue studies represent an important tool in modern Physics. In particular, analogue gravity had a strong success in the recent years with the demonstrations of Hawking radiation and superradiance of analogue black holes in classical and quantum fluids. So far, the metric of the analogue black holes was mostly fixed by the conditions of the experiment, preventing the simulation of any significant evolution of their properties, such as the change of their mass, their spatial motion, gravitation attraction to other bodies, and, ultimately, black hole mergers. Polariton condensates represent a perfect setting for the analogue simulation of black hole evolution and mergers because of the velocity-dependent losses creating a convergent flow associated with each quantum vortex, which thus becomes an analogue black hole capable of spatial motion. We show that while two vortices are unable to form a common horizon, four or more vortices can exhibit a complete black hole merger, with the radius of the common horizon given by a simple geometrical law. We also discuss the difference between the horizon and the apparent horizon in these analogue black holes with quantized constituents.
El condensado de polaritones existe a una temperatura de solo unos pocos grados por encima del cero absoluto (−273 °C). A esa temperatura, los átomos casi dejan de moverse y los efectos cuánticos se vuelven visibles a simple vista.
La idea de los agujeros negros análogos recuerda a la trama de la película 'Interstellar', donde los héroes utilizan un agujero negro para viajar en el tiempo, pero en realidad estos experimentos ayudan a probar teorías sin salir de la Tierra.