La luz no es solo un rayo, sino una onda con un campo eléctrico que cambia a una velocidad inimaginable para los relojes comunes. Hasta ahora, ese campo solo se podía medir en un punto, como la temperatura con un solo termómetro. Ahora, los investigadores han creado un método que muestra todo el campo de una vez, como una cámara térmica muestra el mapa de calor. Dirigen un pulso de luz hacia un cristal delgado y capturan cómo el campo cambia alrededor y dentro de él.
Con esta técnica, los científicos han visto que la luz, al atravesar el cristal, no se dispersa instantáneamente sino con un retraso, y el pulso se estira. Estos detalles no se ven en las simulaciones habituales. También han seguido las líneas del campo eléctrico cuando el pulso rodea los bordes del cristal. Es como observar el flujo del agua alrededor de una piedra, pero en lugar de agua, el campo invisible de la luz.
Este método abre el camino para crear dispositivos ópticos y microscopios más precisos, donde es importante saber cómo se comporta la luz dentro del material. Ahora los ingenieros podrán ver lo que antes solo calculaban.
100 attosegundos es una diezmilmillonésima parte de una milmillonésima de segundo. Si estiraras un segundo hasta la edad del universo, 100 attosegundos serían menos de un minuto.