En dos estanques vecinos nadan los mismos microorganismos. El alimento aparece a veces en uno, a veces en el otro, al azar, sin ninguna regla. Al cabo de un mes, en el primer estanque hay cien veces más que en el segundo. Nadie eligió dónde vivir. Simplemente tuvieron suerte.
Así funciona el desequilibrio. Mientras el entorno cambia, la abundancia no tiene tiempo de igualarse. Los científicos tomaron el modelo más simple: varios parches, especies neutrales (en promedio todas tienen las mismas oportunidades), pero las fluctuaciones de las condiciones en cada parche son propias. Resultó que la diferencia de abundancia entre un par de parches obedece leyes claras. Si los cambios ambientales duran mucho y la migración entre parches es escasa, la diferencia puede volverse enorme e incluso bimodal: lo más frecuente es que haya muy poco o mucho, y los valores intermedios casi no aparecen.
Para los seres vivos esto no es solo estadística. Si el entorno cambia lenta e impredeciblemente, conviene no migrar con demasiado entusiasmo. La migración limitada permite a la especie "aguantar" un período desfavorable en un parche y luego expandirse cuando las condiciones mejoran. Así, el azar se convierte en estrategia.
En el modelo con un número infinito de parches, la desigualdad entre dos parches elegidos al azar se describe con las mismas fórmulas que la diferencia de temperaturas en distintos puntos de un cuerpo calentado de manera desigual.