El láser golpea un átomo de estroncio y de él salen dos electrones a la vez. Antes se pensaba que en esta doble ionización cada electrón actuaba por su cuenta: uno es expulsado primero, el segundo después, al azar. El nuevo experimento con átomos fríos ha demostrado lo contrario: los electrones abandonan el átomo de manera coordinada, como una pareja de bailarines cogidos de la mano.
Los científicos utilizaron espectroscopía para mirar dentro del proceso. Irradiaron átomos de estroncio con pulsos de láser y capturaron los electrones emitidos con detectores que registraban su energía y ángulo de salida. En las imágenes resultantes aparecieron bandas nítidas, una señal de que, antes de salir, ambos electrones se encontraban en un estado excitado especial del átomo en el que sus movimientos están fuertemente correlacionados.
El punto clave es la resonancia. El láser está sintonizado de modo que su energía coincide exactamente con la energía de la transición a este estado doblemente excitado. Entonces el átomo primero absorbe la luz y pasa a un estado ligado, y luego, bajo la acción del mismo pulso, ambos electrones se desprenden y salen volando. Esto se denomina ionización doble no secuencial, a diferencia de la secuencial, en la que los electrones son expulsados uno tras otro.
La huella en los datos, las bandas en el mapa de energía, indica que la correlación inherente al estado excitado no se borra durante la ionización. Los electrones la llevan consigo, como dos fragmentos de un jarrón roto que aún encajan entre sí. Este comportamiento rompe la vieja imagen de que el intenso campo del láser destruye todos los enlaces dentro del átomo.
Este resultado es importante no solo para la física atómica. Correlaciones similares entre dos partículas aparecen en moléculas, sólidos e incluso en núcleos atómicos. Comprender cómo se comportan las partículas correlacionadas bajo un impacto externo ayuda a describir con mayor precisión las reacciones químicas y las propiedades de los materiales.
El estroncio es el elemento que tiñe los fuegos artificiales de un rojo brillante. En este experimento, sus átomos se enfriaron casi hasta el cero absoluto para que quedaran inmóviles y no perturbaran las observaciones.
La idea de que las partículas mantienen un vínculo tras separarse recuerda al entrelazamiento cuántico de la ciencia ficción, aunque aquí el vínculo es clásico: simplemente una sincronía de movimientos.