En lo profundo de la constelación del Águila se esconde una nebulosa que parece una burbuja que se infla. La infla una diminuta estrella del tamaño de una ciudad: un púlsar que da varias vueltas por segundo y pierde energía de rotación. Normalmente, estas burbujas brillan exactamente con la intensidad que permite su púlsar. Pero esta burbuja, bautizada como el 'Acelerador del Águila', resultó ser más brillante de lo que le corresponde.
El telescopio LHAASO, en las montañas de China, captó de esta nebulosa rayos gamma con energías superiores a cien teraelectronvoltios. Esto es decenas de veces más de lo que puede producir el Gran Colisionador de Hadrones. Además, el púlsar en su interior no es un récord: su potencia es cincuenta veces menor que la del púlsar de la Nebulosa del Cangrejo. Y la luminosidad en los rayos más duros del 'Águila' es varias veces mayor que la del Cangrejo.
Las mediciones en rayos X mostraron que el campo magnético dentro de la nebulosa es, en promedio, muy débil: alrededor de tres microgauss. Esto es cien mil veces más débil que el imán de un refrigerador. Pero precisamente en un campo tan débil, según los cálculos, la eficiencia de aceleración se acerca al cien por ciento o incluso lo supera. Esto significa que casi toda la energía que el púlsar entrega a la nebulosa no se convierte en calor, sino en acelerar partículas hasta velocidades extremas.
Este resultado no encaja con las teorías habituales. Los científicos sospechan que dentro de la nebulosa las líneas de campo magnético se reconectan: se rompen y vuelven a unirse, como bandas elásticas, liberando la energía acumulada. Ese es el 'impulsor' que funciona mejor de lo que se creía posible. Si este esquema es correcto, los púlsares débiles podrían ser los principales proveedores de las partículas más energéticas de la Galaxia.
La energía de un solo cuanto gamma del 'Acelerador del Águila' es miles de millones de veces mayor que la energía de un cuanto de luz visible. Si una partícula así llegara a un detector del tamaño de un campo de fútbol, dejaría un destello visible a simple vista.
En la novela 'El paisaje cósmico' de Leonard Susskind, los aceleradores de partículas se describen como 'máquinas que miran al infierno'. Las nebulosas de púlsar como el 'Águila' son versiones naturales de esas máquinas, solo que su infierno está dentro.