Para entender la vida en los planetas hiceánicos (mundos oceánicos con atmósfera de hidrógeno), se han aplicado por primera vez las ecuaciones ecológicas de Lotka-Volterra. El modelado de la columna de agua con 1–5 especies de bacterias anaerobias mostró que es posible una gran diversidad de comunidades. Las bacterias fotosintéticas en la superficie suprimen a las profundas, como la floración de algas en un lago. Los bacteriófagos (virus de bacterias) pueden destruir el ecosistema o, por el contrario, aumentar la biodiversidad, dependiendo del momento de introducción. En los mundos con bloqueo de marea, la luz constante hace que las poblaciones sean más estables, pero los picos de densidad son más bajos. Este es un primer paso hacia la predicción de biofirmas.
Ecuaciones simples que describen los ciclos de zorros y conejos se han aplicado a bacterias en exoplanetas distantes, como K2-18 b. Estos mundos albergan océanos profundos bajo densas atmósferas de hidrógeno. Como la lenteja de agua en un estanque, los microbios fotosintéticos cubren la superficie iluminada de agua, robando la luz a los que están debajo.
Investigadores simularon una columna oceánica con cinco especies bacterianas. Sin virus, los fotótrofos monopolizan los recursos—como una floración de algas que torna verde un lago. Pero en planetas con un día perpetuo (un lado siempre enfrenta a la estrella), no hay ciclos día-noche. Las poblaciones permanecen estables, sin explosiones demográficas, aunque son más pequeñas en general.
Y aquí está el giro: estas bacterias podrían alimentarse no solo de luz, sino también del hidrógeno que envuelve el planeta—un combustible mucho más abundante.
🎯 Algunas bacterias terrestres prosperan con hidrógeno, anticipando la atmósfera de planetas oceánicos distantes.
🎬 En ‘Solaris’ de Stanisław Lem, un océano planetario consciente desafía la comprensión—un eco literario de estas rivalidades microbianas.