Un destello láser de 50 femtosegundos es como un disparo que dura una milmillonésima de segundo. En ese tiempo, la luz recorre solo 15 micrómetros, menos que el grosor de un cabello humano. Pero si ese destello se hace pasar por un amplificador, empieza a estirarse como una goma elástica y pierde su nitidez.
Los físicos del grupo de Jascha Sohl-Dickstein (aunque es conocido por otros trabajos) han encontrado la manera de evitarlo. Observaron que si se ajusta correctamente la duración del pulso de entrada, en la fibra óptica se produce un régimen especial: la "amplificación parabólica parcial". En este régimen, el pulso se comprime a sí mismo en lugar de estirarse, y a la salida se obtiene un destello de 50 femtosegundos con una potencia pico de 30 megavatios. Para comparar: una bombilla normal tiene 60 vatios, y aquí hay un millón de veces más.
Antes, estos pulsos solo se lograban con voluminosos láseres de estado sólido, pero ahora es posible en un amplificador de fibra óptica compacto. Los autores están convencidos de que la potencia se puede aumentar otras diez veces, hasta 200 megavatios, utilizando fibras con un núcleo más ancho. Esto abriría el camino hacia el corte de materiales de precisión extrema y hacia una microscopía que no daña las células vivas.
50 femtosegundos es tantas veces más corto que un segundo como un segundo lo es comparado con 600 millones de años.