El agua es el único líquido común que, al enfriarse, no se contrae de inmediato. El hielo se derrite y el agua se vuelve más densa, pero solo hasta los 4 grados Celsius. Más allá, si se sigue enfriando, vuelve a expandirse. Esta rareza explica por qué los peces sobreviven en estanques que se congelan: el agua más densa se hunde hasta el fondo, y arriba queda una capa más ligera y fría que se convierte en hielo.
Los científicos construyeron una red neuronal que reemplazó cálculos complejos y permitió simular el comportamiento de millones de moléculas de agua. El modelo reprodujo con precisión la anomalía de densidad. Al mirar en su interior, los investigadores vieron que cada molécula de agua sigue rodeada de cuatro vecinas, como en un cristal de hielo perfecto. Pero ese orden se desmorona ya a una distancia de unas pocas capas moleculares.
Esa falla en el orden de largo alcance es lo que hace que el agua sea anómala. Al calentar desde cero, las moléculas primero llenan los huecos que dejó la ruptura del orden lejano, y el agua se contrae. Después de los 4 grados, la expansión térmica normal se impone. El mecanismo resultó ser más sutil de lo que se pensaba desde hace casi cien años.
Si el agua no se expandiera al congelarse, el hielo se hundiría y los lagos se congelarían hasta el fondo, matando a todo ser vivo.