Cada 140 milisegundos, un dispositivo instalado en el automóvil registraba la velocidad, las revoluciones del motor y la temperatura. Con ello, los físicos querían comprobar qué tan bien refleja un indicador muy popular el gasto energético real.
El indicador se llama producción de entropía. Mide cuán irreversible es un proceso: si es posible distinguir, a partir del registro, un movimiento hacia adelante de una reproducción hacia atrás. En objetos diminutos, como los flagelos de las bacterias, un valor distinto de cero demuestra que el sistema está gastando energía de forma activa. Pero ¿qué ocurre cuando el sistema es grande y su consumo de energía es evidente?
Los autores aplicaron varios métodos de estimación y obtuvieron un valor de unos 0,5 bit/s. A temperatura ambiente, eso corresponde a una potencia de 2×10⁻²¹ J/s. Y la potencia real del motor es de 7×10⁴ J/s. Una diferencia de 25 órdenes de magnitud. Es mucho mayor que en el caso de las neuronas o de las células ciliadas.
La conclusión es sencilla: en sistemas grandes, la producción de entropía calculada a partir de datos limitados refleja mal el consumo de energía. Quizá sea útil para analizar el ritmo cardíaco o el movimiento de bancos de peces, pero para eso hacen falta otras bases. Mientras tanto, este contador que no mide lo que parece nos recuerda algo: no toda medida que suena científica habla de lo que queremos medir.
El automóvil Subaru usado en el experimento tiene transmisión variable continua (CVT), algo que se aprecia en la ausencia de líneas radiales en el gráfico de agrupamiento: unas relaciones de transmisión fijas habrían aparecido como rayos característicos.