Una lámina de grafeno de un átomo de espesor está suspendida en el aire, como una sábana tensada. Por ella corren ondas de calor: vibraciones de átomos que los físicos llaman fonones. Antes se pensaba que estas ondas se disipaban rápidamente debido a la fuerte interacción, y que el calor se transmitía mal. Pero los experimentos mostraban lo contrario: el calor fluye mejor de lo que indicaban los cálculos antiguos.
En el nuevo trabajo, la clave está en cómo se relacionan las curvaturas de la lámina con su plano. Cuando los átomos vibran hacia arriba y hacia abajo, modifican ligeramente la rigidez de toda la lámina a la flexión. Este efecto, llamado renormalización de la rigidez, hace que las vibraciones de flexión sean más estables. Las ondas de calor dejan de atenuarse rápidamente y pueden propagarse más lejos, como las ondas en el agua después de lanzar una piedra.
Gracias a esto, el calor en el grafeno suspendido fluye casi como un líquido: los científicos lo llaman hidrodinámica de fonones. El descubrimiento conecta la elasticidad macroscópica de la lámina con las vibraciones microscópicas de los átomos. Es un camino hacia el control del calor en la electrónica del futuro, donde cada nanómetro cuenta.
El grafeno es el material más delgado del mundo: una lámina del tamaño de un campo de fútbol pesaría menos de un gramo.