Usando un diamante con enriquecimiento isotópico (control del contenido de carbono-13) y niveles ultrabajos de nitrógeno, los físicos extendieron la memoria cuántica de un centro NV a 11,2 segundos — un récord absoluto. La coherencia óptica (anchura de línea de 16,9 MHz) casi alcanza el límite fundamental, y la estabilidad del espín se mejoró mediante métodos de desacoplamiento dinámico y supresión activa en tiempo real del ruido de 50 Hz. Es como convertir un péndulo atómico inestable en un reloj suizo de altísima precisión. El resultado abre el camino hacia nodos fiables para la internet cuántica.
Un trompo que gira sobre una superficie perfecta se cae ante la más mínima vibración. Así le ocurre al bit cuántico, creado a partir de un defecto en el diamante: su estado lo destruyen el desorden magnético de las impurezas y las perturbaciones externas. Para mantener este «trompo», los científicos cultivaron un diamante casi libre del isótopo carbono-13, unos pequeños imanes que generan ruido. La electrónica de compensación capta las vibraciones eléctricas (como el zumbido de la red de 50 Hz) y gira ligeramente el espín en contrafase, mientras que los rápidos pulsos láser promedian los empujones dañinos.
Como resultado, el estado cuántico vive 11,2 segundos, tiempo en el que la luz puede ir a la Luna y volver ocho veces. Las mediciones espectrales mostraron una línea de acoplamiento con la luz casi perfectamente estrecha, necesaria para los repetidores cuánticos, los futuros «repetidores» del internet cuántico.
🎯 En 11,2 segundos, la luz recorre 3,36 millones de kilómetros, la distancia equivalente a ocho viajes de ida y vuelta a la Luna.
🎬 Los espines de diamante en una red cuántica son un paso hacia los «ansibles» de la ciencia ficción, dispositivos de comunicación instantánea basados en el entrelazamiento.