En un diamante ultrapuro, los científicos conservaron un estado cuántico durante casi 12 segundos, un récord para estos sistemas. Es comparable a un trompo que gira sin parar durante muchas horas. Esta estabilidad es necesaria para las redes cuánticas, donde la información se codifica en el espín del electrón y se transmite mediante luz. ¿Podremos construir pronto una internet cuántica que nunca olvide?
Un trompo que gira sobre una superficie perfecta se cae ante la más mínima vibración. Así le ocurre al bit cuántico, creado a partir de un defecto en el diamante: su estado lo destruyen el desorden magnético de las impurezas y las perturbaciones externas. Para mantener este «trompo», los científicos cultivaron un diamante casi libre del isótopo carbono-13, unos pequeños imanes que generan ruido. La electrónica de compensación capta las vibraciones eléctricas (como el zumbido de la red de 50 Hz) y gira ligeramente el espín en contrafase, mientras que los rápidos pulsos láser promedian los empujones dañinos.
Como resultado, el estado cuántico vive 11,2 segundos, tiempo en el que la luz puede ir a la Luna y volver ocho veces. Las mediciones espectrales mostraron una línea de acoplamiento con la luz casi perfectamente estrecha, necesaria para los repetidores cuánticos, los futuros «repetidores» del internet cuántico.
🎯 En 11,2 segundos, la luz recorre 3,36 millones de kilómetros, la distancia equivalente a ocho viajes de ida y vuelta a la Luna.
🎬 Los espines de diamante en una red cuántica son un paso hacia los «ansibles» de la ciencia ficción, dispositivos de comunicación instantánea basados en el entrelazamiento.