La luz de estrellas lejanas viaja millones de años, pero los rayos X no se pueden capturar con vidrio ordinario: lo atraviesan como una bala atraviesa el papel. Por eso, los telescopios de rayos X necesitan lentes especiales: pilas de prismas diminutos que desvían suavemente los rayos y los concentran en un solo punto.
Antes, esos prismas se tallaban uno a uno, y cada uno salía un poco diferente, como galletas hechas a mano. Ahora los científicos los imprimen con una impresora 3D que usa un láser: el haz solidifica el plástico líquido en los puntos necesarios, creando pilas perfectamente uniformes de decenas de prismas. Es más rápido y preciso que los métodos antiguos.
Las pruebas han demostrado que las nuevas lentes captan más luz de rayos X que las anteriores. Si se logra acelerar la impresión y el ensamblaje, estas lentes podrían ser la base de telescopios de rayos X ligeros y potentes. Podrían ver cómo los agujeros negros devoran materia y cómo explotan estrellas en galaxias lejanas.
Una pila de prismas es como una escalera para la luz: cada rayo sube por los escalones y al final se concentra en un punto. Cuanto más uniformes sean los escalones, más luz llegará al detector. Y entonces el telescopio verá lo que hoy está oculto para nosotros.
Los rayos X no se pueden enfocar con una lente ordinaria porque casi no se refractan en el vidrio. Por eso, los telescopios para ellos se construyen con muchos espejos anidados o pilas de prismas que desvían la luz solo fracciones de grado.