Según el Modelo Estándar, el vacío no está vacío, sino que es un océano de partículas virtuales fantasmales. Un campo electromagnético superintenso, como una tormenta, arranca pares de electrones y positrones hacia la realidad.
Controlando el retardo entre dos pulsos láser, se puede obtener ya sea una ondulación caótica o redes de vórtices ordenados, como los remolinos detrás de una piedra en un río.
La forma de estos remolinos está dictada por el espín, la rotación propia de las partículas, como un diminuto trompo. Cuando el electrón y el positrón giran en la misma dirección, crean un vórtice bipolar; si giran en direcciones opuestas, forman un patrón de cuatro lóbulos. Esto convierte a los vórtices en un detector espectroscópico ultrasensible.
Sorprendentemente, incluso cuando los vórtices se destruyen y la entropía (medida del desorden) aumenta, la huella del espín permanece, como una huella dactilar en el agua. Este descubrimiento, que continúa las ideas de Schwinger, Dirac y Feynman, permite estudiar la materia extrema.
Los láseres más potentes aún no alcanzan el límite de Schwinger, el campo capaz de crear pares a partir de la nada absoluta. Sin embargo, la sutileza de colisionar pulsos permite observar este efecto sin esperar potencias récord.