Espectros ultraprofundos (20–30 h) en el ultravioleta de dos galaxias a z≈8.7 (CEERS-1019 y CEERS-1025, Z_neb≈0.1 Z_⊙), obtenidos con NIRSpec/JWST, muestran fuertes perfiles P-Cygni en líneas de viento estelar (NV λ1240, CIV λ1550) y una amplia emisión de HeII λ1640 (EW≈2–4 Å). Los modelos de poblaciones estelares con metalicidad Z_★≈0.1 Z_⊙, que incluyen estrellas muy masivas (VMS), reproducen mucho mejor estas características que los modelos estándar (ΔAIC, ΔBIC>70). Esta interpretación se ve respaldada por espectros empíricos de sistemas locales con predominio de VMS. Los mejores modelos dan una edad de la población de aproximadamente 1.5–2.0 millones de años y una eficiencia de producción de fotones ionizantes log ξ_ion≳25.8 Hz erg⁻¹, que es ~0.1–0.2 dex superior a las estimaciones sin VMS. Los resultados indican una sobreabundancia de VMS a altos corrimientos al rojo, con una función inicial de masas que se extiende más allá de 100 M_⊙, y subrayan su papel en la formación de espectros UV, enriquecimiento químico y radiación ionizante de las galaxias tempranas.
La luz de dos galaxias, captada por el telescopio James Webb, viajó hasta nosotros durante 13 mil millones de años, partiendo 600 millones de años después del Big Bang. Al descomponer esa luz en colores (análisis espectral), los astrónomos no solo vieron galaxias lejanas, sino auténticos faros luminosos: en ellas ardían estrellas gigantes.
Resultó que allí rugían pesos pesados estelares, con masas de 200 a 300 veces la del Sol. Sus vientos desenfrenados y su feroz luz ultravioleta dejaban huellas nítidas en el helio emitido y otros elementos. Como enormes reflectores, atravesaban el frío hidrógeno circundante, despejándose el camino y haciendo el Universo transparente. Sin estos colosos, el cosmos en expansión habría seguido siendo un turbio caldo de hidrógeno, sin engendrar estrellas más pequeñas ni planetas.
La ironía es que vivieron apenas un suspiro —alrededor de un millón y medio de años, menos que un parpadeo del ojo del cosmos. Pero ese destello superbrillante encendió la luz en una oscuridad antes impenetrable y cambió para siempre la faz del universo.
🎯 El actual poseedor del récord, R136a1, es 265 veces más pesado que el Sol, pero el joven Universo producía cientos como él: eran algo común.