El planeta donde el día funde hidrógeno y la noche esconde nubes ✎ exprés

Original: "The Days Drag On on WASP-121 b: Interpreting its NIRISS Spectroscopic Phase Curve with General Circulation Models"
arXiv:2605.01589 · 2026-05-02 · arXiv non-exclusive · análisis propio · 2 min
El telescopio James Webb miró la atmósfera del abrasador Júpiter WASP-121 b y vio cómo la estrella moldea el clima.

El planeta WASP-121 b siempre muestra la misma cara a su estrella, como una piedra en una hoguera. El lado diurno está tan caliente que el hidrógeno común —ese mismo que forma la mayor parte del universo— no aguanta: sus moléculas se rompen en átomos sueltos, y la temperatura se invierte: cuanto más arriba, más calor. Es un Júpiter ultra caliente a 850 años luz de nosotros. Los astrónomos apuntaron hacia él el espectrógrafo infrarrojo del telescopio James Webb y siguieron cómo cambiaba el brillo del planeta a lo largo de su órbita.

El lado diurno de WASP-121 b se calienta hasta unos 2500 °C: más que el acero en un horno de fundición.

Estas observaciones se llaman curva de fase. Al rodear la estrella, el planeta nos muestra ora el disco brillante del día, ora el oscuro abismo de la noche, y en cada posición su luz cuenta una historia distinta. La comparación con modelos tridimensionales deparó una sorpresa: el planeta irradia aproximadamente un 12% menos de lo que predecían los cálculos. No es un detalle menor: parece que algo le impide absorber y reemitir el calor de la estrella, y ese «algo» lleva tiempo desconcertando a los científicos. En cambio, en el movimiento de la atmósfera se nota un freno potente, como si una mano invisible contuviera los vientos y no los dejara acelerar. Y el lado nocturno, donde no llegan los rayos directos, se ve sorprendentemente liso en el espectro: sin los bruscos valles que suelen dejar los gases. La mejor explicación es que allí, en la oscuridad, se forman nubes que lo cubren todo como una cortina tupida.

De noche en WASP-121 b el hidrógeno vuelve a unirse en moléculas: del caos atómico nace un gas que puede condensarse en nubes.

Pero un detalle no encaja en el cuadro. Para la luz con longitud de onda menor de 1,4 micras, cuanto más nos acercamos al extremo azul, más lejos de nosotros huye el punto más caliente del planeta. Esto no parece un reflejo de las nubes diurnas ni se explica por la transparencia de la atmósfera. Como si el planeta guardara otro truco bajo la manga, aún por descifrar. Así, WASP-121 b nos recuerda que incluso una piedra al rojo en la hoguera puede esconder secretos invisibles a simple vista.

El año en WASP-121 b dura apenas 30 horas terrestres: el planeta gira alrededor de su estrella tan cerca que su órbita cabría dentro de la corona de nuestro Sol.

Científicos
Christian DopplerD. B. McLaughlinDidier QuelozMichel MayorR. A. RossiterDavid Charbonneau
Conceptos
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