La conexión entre la inflación (la expansión ultrarrápida del Universo temprano) y los neutrinos derechos resultó no ser casual. Los modelos de inflación, que se pueden comprobar mediante observaciones de la radiación de fondo cósmico, pueden generar estas partículas en la cantidad necesaria para explicar la asimetría bariónica, es decir, el predominio de la materia sobre la antimateria. La prueba clave serán las ondas gravitacionales, producidas por la inflación y el nacimiento de partículas.
Inmediatamente después del Big Bang comenzó una expansión del espacio a una velocidad vertiginosa. Era como tirar del borde de una sábana bien estirada: las motas de polvo saltan por el aire. Así, del vacío 'se sacudieron' neutrinos pesados, partículas casi intangibles. Se desintegraron de manera desigual: por cada pizca de antimateria (materia espejo) surgía un ligero exceso de materia ordinaria. De esa mínima ventaja surgió todo lo visible.
Esa inflación (expansión acelerada) fue tan potente que afectó a la propia trama curvada del espacio-tiempo, generando ondas gravitacionales, ondulaciones en el cosmos. Futuros telescopios, al escudriñar la radiación cósmica de fondo (luz antigua), podrán detectarlas. Esto sería una prueba directa de este escenario. La idea de la inflación fue propuesta por Alan Guth, y la naturaleza de las ondas gravitacionales fue descrita por Kip Thorne.
🎯 Para crear toda la materia bastó con un desequilibrio microscópico: por cada mil millones de antipartículas había una partícula ordinaria más.