Una goma elástica se estira y vuelve a su forma. Un resorte de acero se comprime y se expande. La elasticidad parece una propiedad de las cosas simples: un trozo de metal o una gota de gel. Pero los autores de este trabajo han mirado más allá.
Han demostrado que el espín del electrón —su diminuta rotación propia— también puede ser elástico. Una peonza no solo gira: ante un empujón se deforma ligeramente y recupera su forma. Así se comporta el espín en ciertas condiciones. Los científicos han formulado la «ley de Hooke topológica»: la relación entre la fuerza aplicada al espín y cómo este cambia su orientación en el espacio. No es solo una analogía: las matemáticas son casi las mismas que en el curso escolar de física para resortes.
El descubrimiento promete toda una clase de dispositivos. Antes, en la espintrónica se usaba el transporte de espines por corriente; ahora se pueden excitar oscilaciones elásticas de espín en el material. Esto significa menos calentamiento, mayor velocidad y una nueva forma de procesar información: casi como sustituir el telégrafo por cable por la radio inalámbrica. Los autores han llamado a este campo espintrónica elástica —de las palabras «espín» y «elasticidad»—.
La ley de Hooke para resortes se descubrió en 1660. Han pasado casi cuatro siglos para encontrar su «gemela» en el mundo cuántico.
En la novela «El fin de la eternidad» de Asimov, los ingenieros manipulan campos sin tocar la materia. La espintrónica elástica da un paso hacia el control de la realidad mediante oscilaciones puras.