Los científicos crearon un «diapasón» microscópico que vibra más de 110 horas después de un golpe. Ese «superaislamiento» es necesario para atrapar la frontera entre el mundo cuántico y el cotidiano. El aparato siente fuerzas en femtonewtons, como el soplo de una mota de polvo al pasar. Imagina una cuerda que suena casi cinco días sin parar.
Una diminuta esfera de una fracción de miligramo, suspendida en un campo magnético y enfriada casi hasta el cero absoluto, oscila 110 horas sin detenerse: un récord de aislamiento. La pérdida de energía es tan pequeña que la entropía del sistema casi no aumenta, y cualquier influencia externa se vuelve detectable.
El péndulo ya ha sentido empujones de átomos individuales de helio-3 en helio superfluido: la fuerza fue de femto-newtons, menor que el peso de una bacteria dividido entre mil millones. Inspirados por las paradojas de Schrödinger, los físicos esperan comprobar los efectos de la curvatura del espacio-tiempo a nivel cuántico, para ver cómo un objeto macroscópico se comporta como una partícula elemental.
🎯 El helio superfluido puede escapar espontáneamente de un vaso abierto: simplemente fluye por el borde, ignorando la gravedad, como un ser vivo.