Cuatro pequeños charcos, y en ellos chapotean gotas de un líquido superfluido. Estas gotas son átomos enfriados casi hasta el cero absoluto y unidos en pares, como pequeños imanes. Cuando toda la estructura gira, el líquido fluye entre los charcos. Basta con contar cuántas gotas hay en cada uno para conocer el ángulo y la velocidad de rotación.
Normalmente, estas mediciones están limitadas por el ruido cuántico, una ondulación inevitable que desdibuja la imagen. Pero aquí los físicos han encontrado la manera de sortear esta barrera. El sistema resulta ser superintegrable: tiene tantas leyes de conservación ocultas que el movimiento de los átomos se vuelve casi predecible, como el de los planetas en sus órbitas. Gracias a esto, la precisión se eleva por encima del límite de Heisenberg, el techo teórico que durante mucho tiempo se consideró infranqueable.
La implementación práctica no requiere complejos estados entrelazados ni intrincados interferómetros (dispositivos donde las ondas se superponen). Todo lo que se necesita son cuatro pozos de potencial, átomos dipolares fríos y la medición de la diferencia de poblaciones. Tal simplicidad promete giróscopos cuánticos compactos y fiables para la navegación donde el GPS no está disponible, como en el espacio profundo o bajo el agua. Y lo más importante: el trabajo demuestra que la superintegrabilidad no solo se puede observar, sino que se puede utilizar como un recurso para lograr avances en precisión.
Así, las gotas en los charcos, al fluir durante la rotación, convierten el orden oculto en una señal medible, y abren el camino a dispositivos que detectan la más mínima rotación.
El helio superfluido, enfriado a dos grados por encima del cero absoluto, puede fluir eternamente por un anillo cerrado sin fricción, como un perfecto móvil perpetuo que no viola las leyes de la física.
En la novela 'Solaris' de Stanislaw Lem, el océano del planeta muestra un comportamiento que recuerda a un sistema superintegrable: sus movimientos obedecen leyes ocultas, inaccesibles a la observación directa, pero que se manifiestan en reacciones anómalamente precisas a estímulos externos.