Los científicos explicaron por qué en la vida cotidiana no encontramos una mezcla cuántica de estados en objetos grandes (como una silla). Resulta que la propia naturaleza, como un director de orquesta invisible, «sienta» instantáneamente las partículas en sus lugares apenas surge esa mezcla. Así que las leyes cuánticas mismas se encargan del orden, ¿sorprendente, no?
En un estadio de fútbol, la emoción de la multitud surge de las conversaciones de los aficionados individuales. Si el ánimo pudiera ser alegre y triste a la vez, surgiría una superposición cuántica. Pero el murmullo de miles de voces traduce instantáneamente esa mezcla en un estado definido.
Lo mismo ocurre con los objetos grandes: sus superposiciones cuánticas son destruidas por el ruido interno de miríadas de partículas. Este ruido, relacionado con la entropía – medida del desorden – actúa como interferencias aleatorias, haciendo que la incertidumbre colapse tan súbitamente como una supernova estalla en el cielo. Los físicos han demostrado que la ecuación de Schrödinger ordinaria se encarga de esto sin necesidad de un observador – todo se sigue de la teoría cuántica estándar. Así se resuelve el enigma que atormentaba a Schrödinger, von Neumann y Born: la regla de Born, que predice probabilidades, se deduce de primeros principios. El caos microscópico él mismo impone orden en el mundo grande.
🎯 En un mol de materia hay más partículas que estrellas en el universo observable, y cada una contribuye al ruido que mata la incertidumbre cuántica.
🎬 La idea de un gato vivo y muerto coexistiendo ha inspirado a muchos autores de ciencia ficción, desde los primeros relatos hasta la serie 'Rick y Morty'.