La gravedad cuántica describe un Universo sin tiempo fundamental, lo que genera paradojas. Una de ellas es el «problema del coseno»: al calcular probabilidades de transición en integrales de camino, las amplitudes contienen contribuciones tanto directas como inversas en el tiempo, lo que contradice nuestra experiencia de un tiempo unidireccional. Los autores mostraron que si se aísla un subsistema «reloj» y se lo lleva a un estado semiclásico, este establece la flecha del tiempo, seleccionando automáticamente solo la contribución directa. Así, el tiempo emerge como propiedad emergente sin necesidad de modificar las leyes fundamentales.
Las ecuaciones profundas de la física, como la ecuación de Wheeler–DeWitt, no contienen tiempo. El pasado y el futuro están mezclados en ellas, como fotogramas en una película sin indicación de hacia dónde proyectar. Esta simetría no es un defecto, sino una propiedad.
Así, en gravedad cuántica (por ejemplo, en la de Rovelli), surge espontáneamente un flujo de tiempo. Sin ajustar las leyes: un metrónomo interno convierte el caos en una flecha del tiempo. Esto también explica cómo pudo empezar el tiempo tras el Big Bang. Y lo más sorprendente es que cualquier objeto suficientemente grande — incluso una galaxia en rotación — puede comportarse como un reloj de este tipo, seleccionando el futuro de entre un abanico de posibilidades.
🎯 Paradoja: el tiempo no fluye por sí solo: necesita un «espectador» en forma de reloj físico. Sin él, todos los instantes coexisten simultáneamente, como fotogramas en una cinta inmóvil.
🎬 Como en «Tenet», donde la entropía invertida hace retroceder el tiempo, el nuevo trabajo muestra que, a nivel fundamental, el movimiento en cualquier dirección es igual de posible hasta que interviene un reloj.