Unos científicos han demostrado que, al utilizar unas matemáticas especiales (grupos cuánticos) para describir las rotaciones en el mundo cuántico, las probabilidades de los resultados de las mediciones dejan de ser nítidas. Dos observadores no podrán medir con precisión la rotación relativa de sus instrumentos: cuanto más preciso es uno, más borroso se vuelve el otro, tal como ocurre con la posición y la velocidad. Imagina un mundo donde el azar mismo es azaroso.
El mundo cuántico es conocido por sus incertidumbres: por ejemplo, no se puede medir simultáneamente la posición de una partícula y su velocidad. Sin embargo, una nueva investigación muestra que en un espacio-tiempo «borroso» espacio-tiempo, incluso la propia probabilidad —medida de la posibilidad— pierde nitidez. Una brújula nebulosa no da una dirección precisa: su aguja oscila. Dos personas con esas brújulas nunca alinearán sus instrumentos perfectamente. De la misma manera, en un mundo distorsionado por la espuma cuántica, los observadores no pueden correlacionar con absoluta precisión las orientaciones de sus medidores. Debido a la inestabilidad del propio espacio, las probabilidades de diferentes resultados de medición de espín se vuelven interdependientes: precisar una difumina la otra, como si la aguja de una brújula moviera la otra. Estas conclusiones resuenan con las ideas de [scientist:John Archibald Wheeler] sobre la «espuma cuántica» del espacio-tiempo. Y la herramienta matemática para tal descripción —los grupos cuánticos— fue creada en los años 80 para un problema abstracto sobre la deformación de la multiplicación, y solo más tarde resultó útil para los físicos. Resulta que la borrosidad de las probabilidades podría ser la clave para unificar la mecánica cuántica con la gravedad: cuanto más restringimos una probabilidad, más desorden (entropía) se vierte en las otras.
🎯 La herramienta que permitió capturar la inestabilidad de las probabilidades —los grupos cuánticos— fue creada en los años 80 con un propósito completamente diferente: los matemáticos investigaban cómo deformar suavemente las operaciones habituales de multiplicación. Solo más tarde se descubrió que esta abstracción encaja perfectamente en la descripción de la espuma cuántica.