Los científicos estudiaron estados especiales de la materia: cristales de tiempo, que, como un péndulo eterno, repiten por sí mismos el movimiento en el tiempo sin impulso externo. En un experimento con átomos ultrafríos y luz, se lograron identificar tres tipos diferentes de estos «cristales». ¿Qué otros ritmos ocultos esconde la materia?
Un cristal de tiempo se asemeja a un reloj eterno: sus átomos realizan movimientos rítmicos por sí mismos. En un reloj normal, un resorte o una pila empuja el péndulo, pero aquí el movimiento surge sin aporte de energía: el sistema simplemente vuelve a su estado inicial a intervalos regulares. Esta idea fue propuesta por Frank Wilczek en 2012. Mientras que en un cristal espacial los átomos están congelados en una red regular, aquí lo que se repite en el tiempo no es la posición sino el patrón de movimiento.
En el experimento, los científicos colocaron una nube de átomos enfriados a temperaturas ultrabajas entre dos espejos. En esas condiciones, los átomos se fusionan en un único objeto cuántico, similar a una partícula enorme. La luz atrapada en la cavidad de espejos interactuó con esta nube, y ésta comenzó espontáneamente a «tic-tac» — contrayéndose y expandiéndose. Los investigadores detectaban las partículas de luz que salían de la trampa y, usando fotometría y espectroscopía, determinaban el ritmo de las oscilaciones. Cada tipo de cristal de tiempo resultó tener su propia firma luminosa característica, como si distintos relojes marcaran el tiempo a su manera. Aunque se asemeja a un móvil perpetuo, el cristal no viola las leyes de la física: no genera energía, simplemente existe en un estado pulsante inmutable.
🎯 Los teóricos describieron los cristales de tiempo en 2012, pero la comunidad científica inicialmente rechazó la idea porque pensaban que contradecía las leyes de la termodinámica.
🎬 La idea de estructuras que viven en ciclos temporales hace eco a la trama de la película «El día de la marmota», solo que aquí lo que se repite no es un día, sino un estado cuántico.